Una mancha naranja aparece detrás de un cristal rugoso. Alrededor, los montantes del invernadero parten la imagen en franjas y las hojas se vuelven sombras. Samuel Zeller no intenta corregir esa vista: la fotografía tal como llega. En Botanical, el vidrio está entre la cámara y la planta en cada decisión.
El relieve del cristal corta y desplaza las hojas
Zeller inició la serie en 2015, después de bajarse del tren una parada antes y entrar en el jardín botánico de Ginebra tras un mal día de trabajo. Según contó a Creative Boom, tomó allí las diez primeras imágenes. En vez de acercar la cámara hasta borrar el edificio, mantuvo a la vista cristales, marcos y condensación.
El resultado tiene algo de lámina botánica y algo de pintura impresionista, referencias que el propio fotógrafo reconoce en la página oficial del proyecto. El cristal estriado rompe los contornos, aplana la profundidad y mezcla la luz con la textura. Cuesta un poco decidir si estamos viendo una hoja, un reflejo o una pincelada. Ese titubeo sostiene la serie.
Un herbario repartido por Europa
El primer invernadero fue el Conservatoire et Jardin botaniques de Ginebra, cuya estructura data de 1913. Después llegaron jardines de París, Praga, Glasgow y otras ciudades europeas. Zeller buscó plantas protegidas del clima exterior y dejó que la arquitectura funcionara como marco, tal como explicó en una entrevista con FujiLove.
La selección acabó en un libro de 144 páginas publicado por Hoxton Mini Press en 2018. Reúne más de cien fotografías y añade las ciudades y la identificación en inglés y latín de parte de las especies, según el material de prensa del fotógrafo. Ese inventario evita que el efecto pictórico borre por completo lo que hay delante de la cámara: siguen siendo plantas concretas, dentro de edificios concretos.
Esperar antes de limpiar el encuadre
Lo más útil de Botanical quizá esté en una decisión sencilla: Zeller conserva la superficie que muchos fotógrafos apartarían. No necesita añadir niebla ni desenfocar en edición; mira qué hace la luz al atravesar un material real. La imagen de Mangifera indica elegida para esta portada funciona con tres piezas —cristal, estructura y vegetación— y una brasa naranja como único punto de atención.
El truco, si queremos llamarlo así, consiste en no pelearse de inmediato con lo que estorba. La próxima vez que un cristal arruine una vista limpia, merece la pena esperar un segundo y mover un poco la cámara. A veces la foto está precisamente en esa deformación.

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