En Party Favor hay una trompeta, un collar de perlas y un caracol servidos en una bandeja de plata. El detalle da ganas de acercarse, pero los bultos de aspecto orgánico que rodean el instrumento hacen que el banquete resulte un poco incómodo. Es una de esas imágenes que te retienen un segundo más del previsto.
El lujo viene con condiciones
La obra forma parte de Elizabethan Collar, la primera exposición de David Smalling con Templon en Nueva York. La galería identifica Party Favor como un óleo sobre tabla de 2026 y explica que la muestra mira qué ocurre después de entrar en un espacio de prestigio: aparecen sus modales, sus expectativas y el precio de encajar.
Smalling nació en Kingston y vive en Nueva York. En su web describe una práctica que mezcla pintura, talla e incrustaciones, con la tradición manierista y la naturaleza muerta neerlandesa al fondo. Usa ese pasado en el brillo del metal, la tela acolchada y la sospecha de que cada objeto cumple un papel.
Cuando la trompeta se dobla
Dos cuadros dejan el mecanismo a la vista. En Heimlich Manœuvre (2025), un gran conducto de latón abraza una forma pulida mientras un caracol avanza por delante. En School Spirit (2025), dos instrumentos comparten colchón con pintalabios, encaje y cintas rosas. Todo brilla y, aun así, la escena resulta bastante menos tranquila.
La nota de prensa de Templon relaciona los instrumentos con disciplina y virtuosismo, y las perlas, los lazos o el pintalabios con una feminidad aprendida. Smalling junta esos códigos hasta que dejan de comportarse bien. No hace falta resolver el cuadro como un acertijo. Basta con ver cómo la decoración empieza a parecer una norma.
El caracol se salta la etiqueta
Last of Kin (2025) reduce el instrumento a unos tubos que brotan de un volumen redondo. Debajo quedan las perlas, un lazo suelto y otro caracol. El animal avanza despacio y deja su rastro sobre una superficie impecable. Es un detalle pequeño, pero cuesta dejar de mirarlo.
Creative Boom reunió varias obras recientes del artista y señaló esa mezcla de atracción y desasosiego. Al verlas juntas, lo más curioso es que Smalling no necesita personajes. La sensación final se parece bastante a llegar impecable a una cena y descubrir que no conoces las reglas.

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