Un alga directamente sobre el papel
La silueta blanca de Sargassum bacciferum parece dibujada con un pincel finísimo, pero Anna Atkins no trazó una sola rama. Colocó el ejemplar sobre papel sensibilizado, lo expuso a la luz y lavó después la hoja. El resultado fue un negativo: el alga bloqueó la luz y quedó clara; alrededor apareció el azul de Prusia.
El cianotipo acababa de nacer. John Herschel presentó el proceso en 1842 y Atkins empezó a usarlo al año siguiente. El Natural History Museum explica que cada exposición duraba entre 10 y 40 minutos. La cámara no intervenía: bastaban química, sol, agua y bastante paciencia.
Un libro hecho a mano, hoja por hoja
Atkins conocía bien las algas y el problema de representarlas. Algunas eran tan pequeñas que un dibujo podía perder justo el detalle necesario para distinguir una especie. En 1843 empezó a publicar Photographs of British Algae: Cyanotype Impressions, considerado el primer libro ilustrado enteramente con fotografías.
Aquí la palabra «libro» engaña un poco. No salió de una imprenta en una tirada idéntica: Atkins preparó y expuso cada lámina. El juego de tres volúmenes que conserva el museo reúne 411 placas, y se conocen unas veinte copias, quince de ellas sustancialmente completas. Incluso los nombres científicos y algunas portadas se hicieron como facsímiles fotográficos de su escritura. Solo pensar en repetir el proceso cientos de veces da un poco de vértigo.
Sargassum bacciferum cruza la página en diagonal
Atkins también decidía cómo ocupar la página. En Sargassum bacciferum, hacia 1853, la planta sube en diagonal y deja una gran zona azul libre. Las vesículas redondas de sus ramas siguen visibles, mientras la etiqueta manuscrita se queda abajo. Sirve para identificar la especie y, a la vez, tiene el ritmo de una ilustración.
La curiosidad por el cianotipo volvió al mirar el trabajo contemporáneo de Georgia Merton en Creative Boom. Volver a Atkins aclara de dónde sale esa mezcla de documento e imagen. Más de 170 años después, las pequeñas vesículas del Sargassum siguen nítidas. El azul se ha apagado un poco, pero el borde de cada rama aún se lee sin esfuerzo.

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