Hay obras de arte público que llegan a una plaza completamente terminadas: se instalan y nosotros miramos. Wiggle Wonderland prefiere dejar huecos. Su estructura está pensada para recibir dibujos, recuerdos y preguntas que todavía no existen cuando se monta la primera viga.
Conocimos el proyecto gracias a un perfil de Creative Boom sobre Lucy Grainge. Lo que engancha no es sólo su energía visual. Es esa idea tan sencilla —y tan poco habitual— de que el público pueda cambiar de verdad lo que tiene delante.
Un pabellón que llega con huecos
Wiggle Wonderland nació en 2021 de la colaboración entre Lucy Grainge y el diseñador arquitectónico Beau McCarthy. Es una galería de madera al aire libre que se desmonta, viaja y se adapta. Grainge combina serigrafía, diseño, instalación y educación artística, sobre todo en proyectos comunitarios y de salud, como explica en su propia web.
Las vigas sirven para colgar telas, carteles o piezas gráficas, pero el contenido no viene cerrado. Cada lugar decide parte de lo que ocurre dentro. La web del proyecto muestra cómo el mismo esqueleto ha pasado por escuelas, festivales, jardines y espacios urbanos sin convertirse en una exposición repetida.
Participar no es poner una pegatina
La participación también necesita diseño. Hay que preparar una invitación clara, escoger materiales que no intimiden y decidir cómo se mostrarán las aportaciones. Si todo eso se añade al final, la comunidad sólo decora una idea ajena. Aquí los talleres forman parte de la obra desde el principio.
En el London Festival of Architecture de 2022, por ejemplo, el pabellón reunió 57 carteles creados por escolares, colectivos y una convocatoria abierta. Los participantes imaginaron ciudades y futuros distintos. McCarthy seguía resolviendo la estructura y Grainge coordinaba el trabajo visual, pero el contenido nacía de muchas manos. Compartir la autoría no significa fingir que todo el mundo hace lo mismo.
La estructura se repite; la conversación, no
En el National Memorial Arboretum aparecieron recuerdos de infancia relacionados con la naturaleza y el juego. En el London Design Festival se habló de soledad y convivencia. En Dulwich Picture Gallery, niños y familias recogieron hojas y ramas del jardín para crear cianotipias e impresiones. El lugar no era un fondo bonito: entraba físicamente en las imágenes.
Ahí está lo mejor de Wiggle Wonderland. Tiene una identidad reconocible —madera, telas, color— sin obligar a que todas sus versiones cuenten lo mismo. Para cualquier diseñador, la lección es bastante práctica: un sistema puede tener reglas claras y seguir abierto a las personas. A veces diseñar bien consiste en no decidirlo todo.

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