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Ndayé Kouagou despliega un fotorrelato de casi 30 metros

Cuatro personajes con máscara de perro, un juicio celeste y un recorrido que cada visitante monta al andar: así funciona Heaven’s Truth en Heidelberg.

Pochi con máscara de perro ante la palabra ALONE en Heaven’s Truth
Fotograma de Heaven’s Truth (2026), de Ndayé Kouagou, con el personaje de Pochi ante la palabra ALONE. · Crédito: © Ndayé Kouagou. Cortesía de Heidelberger Kunstverein.

En Heaven’s Truth no hay un asiento desde el que verlo todo. Hay que recorrer casi 30 metros, cruzarse con cuatro figuras humanas que llevan máscaras de perro y llegar a un tribunal celeste bastante absurdo. En el Heidelberger Kunstverein, la pieza de Ndayé Kouagou obliga a montar la secuencia mientras se camina.

La idea apareció primero en Creative Boom, que visitó su primera versión en Italia. La exposición alemana permite fijarse en algo distinto: cómo el montaje toma prestado el ritmo de un fotorrelato sin pedir al visitante que siga una página.

Cuatro perros esperan sentencia

Pudding, Pimpim, Puhda y Pochi forman un grupo inestable. Son cuerpos humanos fotografiados a tamaño real, vestidos con ropa cotidiana y ocultos tras máscaras caninas. Pochi ha quedado fuera de la comunidad y su revancha obliga a plantear una pregunta incómoda: ¿cuánta empatía merece alguien que también ha hecho daño?

El relato acaba ante un juez interpretado por el propio Kouagou. Ni siquiera él parece neutral: también piensa en su carrera mientras decide quién entra en el cielo. El punto de partida tiene algo de chiste malo, pero pronto se vuelve reconocible. El traje gris le da aspecto oficial; el guion deja asomar el interés personal.

La sala hace de página

La instalación reparte vídeos en monitores pequeños y personajes recortados sobre soportes de metal. Al caminar, cada persona une esos fragmentos en un orden ligeramente distinto. El montaje deja huecos entre una escena y la siguiente, en vez de ilustrar una historia ya cerrada.

La Collezione Maramotti, que coprodujo la obra, explica que el vídeo central está dividido en tres capítulos y que de él nacen los elementos tridimensionales y las piezas de pared. En Heidelberg ese material funciona como un storyboard por el que se puede pasear. La duración ya no la marca sólo el vídeo: también cuenta la distancia entre los elementos.

Palabras que parecen saber adónde van

Kouagou suele trabajar con frases familiares, discursos de gurú y formatos de informativo. Una obra anterior, Here & Elsewhere, inventa conexiones en directo y pregunta a la gente qué piensa sobre «lo que ocurre aquí y en otros lugares» sin concretar nada. La forma suena segura aunque el contenido esté vacío. Sí, la broma queda bastante cerca de casa.

Dogs Will Be Dogs puede verse en Heidelberg hasta el 15 de noviembre de 2026, y el artista participa también en la Bienal de Lyon. El recorrido no resuelve la pregunta de Pochi, y hace bien: la sentencia sería la parte menos interesante.

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