Hay formularios que sólo hablan cuando algo sale mal. Y, justo entonces, responden con un borde rojo y un seco «Dato no válido». La persona sabe que el sistema protesta, pero no qué espera de ella. Un buen error debería funcionar como una indicación en un cruce: decir dónde estamos y cuál es el siguiente movimiento.
El error no es el color rojo
El color ayuda a localizar un campo, aunque no basta. El criterio 3.3.1 de WCAG 2.2 sobre identificación de errores pide identificar el elemento y describir el problema en texto. Así puede entenderse sin distinguir el rojo y también cuando el mensaje se anuncia con un lector de pantalla.
La diferencia se ve enseguida. «Correo no válido» señala, pero deja trabajo pendiente. «Escribe el correo con el formato nombre@dominio.com» explica qué corregir. El diseño visual marca el lugar; la frase entrega la salida.
Escribe la salida, no el regaño
Una fórmula sencilla sirve para casi todo: nombra el dato, concreta la condición y propone una acción posible. «La contraseña debe tener 12 caracteres» es mejor que «Contraseña incorrecta». Si el campo está vacío, basta con «Escribe tu código postal». Si el servicio falla, no culpes al dato: cuenta que no se ha podido guardar y ofrece reintentar.
La guía de mensajes de error del sistema de diseño de GOV.UK recomienda evitar jerga, disculpas que no ayudan y frases genéricas como «Rellena este campo». También sugiere reutilizar palabras de la etiqueta. Parece un detalle, pero conecta la explicación con la pregunta que la persona acaba de leer.
Colócalo donde se pueda usar
Pon el mensaje junto al campo, después de la etiqueta y la ayuda. En formularios largos, añade arriba un resumen con enlaces a cada error. Son dos escalas del mismo mapa: la lista explica cuántos problemas hay; el mensaje cercano permite arreglarlos sin buscar.
No borres lo que ya estaba bien. Mantener las respuestas reduce repeticiones y deja visible la causa del fallo. Conserva además la misma frase en el resumen y junto al campo: cambiar el texto obliga a preguntarse si hablamos del mismo problema.
Prueba el fallo como una tarea
Antes de publicar, provoca errores reales: deja campos vacíos, escribe una fecha imposible, corta la conexión y envía varias respuestas mal a la vez. Comprueba que el foco llega al aviso, que cada mensaje se entiende fuera de contexto y que corregir no exige adivinar.
La revisión final cabe en tres preguntas: ¿qué ha pasado?, ¿dónde? y ¿qué puedo hacer ahora? Si el formulario responde las tres con calma, el error deja de ser un muro. Se convierte, simplemente, en parte del camino.

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